Música y Reforma: contexto histórico-musical

En el esquema profético divino, el timpo del fin sería precedido por un periodo de 1260 años de densas tinieblas morales y espirituales, comandado por Satanás a través de la Iglesia de Roma y del sistema que la dirige, el papado.

Durante la Edad Media, la fuerza política de la iglesia romana no conoció limites. La autoridad papal era suficiente para deponer reyes y subyugar naciones. Las peores clases de violencia y crueldad eran cometidas bajo el nombre de la religión. Millones de cristianos fieles fueron perseguidos, torturados y muertos.

Sin embargo, el Señor misericordiosamente acortó el sufrimiento de su pueblo, suscitando en el siglo XVI un movimiento que sacudiría el poder y la influencia de la Iglesia de Roma: la Reforma Protestante.

En muchos aspectos la Reforma Protestante implicó en una ruptura radical con principios, doctrinas y prácticas implantadas por el catolicismo en la Edad Media y promovió la restauración de verdades bíblicas fundamentales. La doctrina de la salvación únicamente por la gracia y de la justificación por la fe fue restaurada. La Biblia fue entronizada como única guía infalible. Cristo volvió a ser considerado como único Mediador entre Dios y el hombre.

El inicio de las tinieblas

Aún en los albores de la iglesia cristiana primitiva, el apóstol Pablo alertó a los creyentes en cuanto al “misterio de la iniquidad” (2 Tesalonicenses 2:7) y el “hombre de pecado” (2 Tesalonicenses 2:3), refiriéndose al surgimiento, fortalecimiento y predominio del papado que sucederían en los siglos siguientes.

En los siglos IV y V d.C., la iglesia vivió un gran enfriamiento espiritual. El cristianismo, antes proscripto y discriminado, después de la “conversión” del emperador Constantino se transformó en la religión oficial del estado. La simplicidad del evangelio fue dejada de lado y la doctrina y costumbres paganos fueron introducidos en la iglesia.

“De un modo casi imperceptible las costumbres del paganismo penetraron en la iglesia cristiana. El espíritu de avenencia y de transacción fue coartado por algún tiempo por las terribles persecuciones que sufriera la iglesia bajo el régimen del paganismo. Mas habiendo cesado la persecución y habiendo penetrado el cristianismo en las cortes y palacios, la iglesia dejó a un lado la humilde sencillez de Cristo y de sus apóstoles por la pompa y el orgullo de los sacerdotes y gobernantes paganos, y sustituyó los requerimientos de Dios por las teorías y tradiciones de los hombres. La conversión nominal de Constantino, a principios del siglo cuarto, causó gran regocijo; y el mundo, disfrazado con capa de rectitud, se introdujo en la iglesia. Desde entonces la obra de corrupción progresó rápidamente. El paganismo que parecía haber sido vencido, vino a ser el vencedor. Su espíritu dominó a la iglesia. Sus doctrinas, ceremonias y supersticiones se incorporaron a la fe y al culto de los que profesaban ser discípulos de Cristo.”1

“La mayoría de los cristianos consintieron al fin en arriar su bandera, y se realizó la unión del cristianismo con el paganismo. Aunque los adoradores de los ídolos profesaban haberse convertido y unido con la iglesia, seguían aferrándose a su idolatría, y solo habían cambiado los objetos de su culto por imágenes de Jesús y hasta de María y de los santos. La levadura de la idolatría, introducida de ese modo en la iglesia, prosiguió su funesta obra. Doctrinas falsas, ritos supersticiosos y ceremonias idolátricas se incorporaron en la fe y en el culto cristiano. Al unirse los discípulos de Cristo con los idólatras, la religión cristiana se corrompió y la iglesia perdió su pureza y su fuerza.”2

Cambios en la música

En la iglesia primitiva, la música en el culto era un importante instrumento de enseñanza de la Palabra de Dios y de la comunión entre los hermanos, conforme se ve en Colosenses 3:16 y Efesios 5:19. Ambos textos bíblicos establecen los tipos de cánticos que los cristianos deberían usar en sus reuniones. Pablo menciona los salmos, que mantenían la tradición musical de Israel y se refiere a los himnos y cánticos espirituales. Los himnos contenían las verdades de la fe cristiana y servían para enseñanza. Los cánticos espirituales valorizaban la comunión entre los hermanos (koinonia), volviendo el culto más espontáneo y participativo.

En las sinagogas y casas donde los cristianos se reunían, la música era cantada con simpleza y devoción por la congregación. Los cánticos reflejaban la simplicidad del evangelio y la alegría de la comunión entre los hermanos.

Este cuadro sin embargo fue totalmente modificado en la Edad Media.

El personaje central para la modificación de la función de la música en el culto fue Gregorio Magno, papa que vivió en el siglo V e inicio del siglo VI, y en homenaje a quien se creó la expresión “canto gregoriano”. Él fue el principal incentivador de la Schola cantorum, un centro especializado en la enseñanza de música vocal. En la Edad Media, la música en el culto pasó a ser cantada sólo por profesionales de la Schola cantorum. El pueblo no participaba activamente del canto.

En el inicio de la Edad Media, aún habia canto congregacional, pero bien simple, cuando se lo compara con el canto sofisticado de los solistas y del coro. Con el transcurso del tiempo el canto congregacional fue totalmente eliminado del culto.

La música sacra en la edad media se caracterizaba por ser exclusivamente vocal. Instrumentos musicales eran rechazados. La música sacra era solemne, severa, totalmente distinta de la música secular. No había división de tiempo musical (compás) ni ritmo fijo. La armonización también no existía: el canto era homofónico (cantado en unísono). La melodía, sin saltos o grandes intervalos.

La música era presentada exclusivamente por los hombres integrantes del clero, que cantaban solamente en latín, de modo que el pueblo no comprendía el mensaje del cántico. La congregación no tomaba parte del loor.

El canto gregoriano fue el estilo de música que predominó en el seno de la Iglesia Romana durante toda la Edad Media. En ese período:

1) La enseñanza de la Palabra fue erradicada del culto.

“Para mantener su poder sobre los hombres y establecer la autoridad del usurpador papal, Satanás necesita que ellos ignoren las Santas Escrituras. La Biblia ensalza a Dios y coloca a los hombres, seres finitos, en su verdadero sitio; por consiguiente hay que esconder y suprimir sus verdades sagradas. Esta fue la lógica que adoptó la iglesia romana. Por centenares de años fue prohibida la circulación de la Biblia. No se permitía a la gente que la leyese ni que la tuviese en sus casas, y sacerdotes y prelados sin principios interpretaban las enseñanzas de ella para sostener sus pretensiones.”3

“Con el pretexto de reverenciar las Escrituras, Roma las había mantenido aprisionadas en una lengua desconocida, y las había ocultado al pueblo.”4

Aparte de la misa ser realizada en latín, de modo que sólo los clérigos podían entender, el uso y manejo de las Escritura por el pueblo, en el culto o fuera de él, eran prohibidos y penalizados. Tan fuerte fue la opresión, que solamente en los últimos siglos de la Edad Media las traducciones de la Biblia empezaron a hacerse.

2) El culto perdió el carácter comunitario.

La música sacra de la Edad Media permaneció por mucho tiempo en las manos de los monjes. Muchos de ellos se dedicaban exclusivamente a la música y eran hábilmente entrenados en el arte del canto. Además sabían escribir música, a diferencia de los músicos seculares que podían cantar y tocar solo “de oído”.

Los monjes eran los “profesionales” de la música y tomaban el control de la liturgia. La congregación participaba cada vez menos. El culto se volvió “clericalizado”. El sistema eclesiástico de jerarquía excluía la figura del laico. El pueblo fue colocado en la categoría de espectador. La iglesia era más una institución dirigida por la jerarquía que una comunidad de creyentes salvos por Jesús.

La arquitectura se adecuó a la nueva concepción del culto. La estructura interna de los tempos era concebida para distanciar el altar de la congregación, reflejando la distancia entre el pueblo y el clero. Se llegó al punto en que la participación máxima del pueblo en la iglesia era orar silenciosamente.

3) El culto pasó a ser formal y pomposo, distanciándose de la simpleza del evangelio.

Los ritos y ceremonias católicas se caracterizaban por la ostentación y pompa exterior, que aunque deslumbraban y cautivaban la imaginación, servían sólo para confundir la mente del pueblo,5 llevándolos a olvidarse de la verdadera adoración a Dios.

De manera impresionante, Elena White describe la ostentación del culto católico, alertando sobre el peligro de dejarse impresionar por las formas y apartarse de la verdadera religión:

“Muchos protestantes suponen que la religión católica no es atractiva y que su culto es una serie de ceremonias áridas y sin significado. Pero están equivocados. Si bien el romanismo se basa en el engaño, no es una impostura grosera ni desprovista de arte. El culto de la iglesia romana es un ceremonial que impresiona profundamente. Lo brillante de sus ostentaciones y la solemnidad de sus ritos fascinan los sentidos del pueblo y acallan la voz de la razón y de la conciencia. Todo encanta a la vista. Sus soberbias iglesias, sus procesiones imponentes, sus altares de oro, sus relicarios de joyas, sus pinturas escogidas y sus exquisitas esculturas, todo apela al amor de la belleza. Al oído también se le cautiva. Su música no tiene igual. Los graves acordes del órgano poderoso, unidos a la melodía de numerosas voces que resuenan y repercuten por entre las elevadas naves y columnas de sus grandes catedrales, no pueden dejar de producir en los espíritus impresiones de respeto y reverencia.

Este esplendor, esta pompa y estas ceremonias exteriores, que no sirven más que para dejar burlados los anhelos de las almas enfermas de pecado, son clara evidencia de la corrupción interior. La religión de Cristo no necesita de tales atractivos para hacerse recomendable. Bajo los rayos de luz que emite la cruz, el verdadero cristianismo se muestra tan puro y tan hermoso, que ninguna decoración exterior puede realzar su verdadero valor. Es la hermosura de la santidad, o sea un espíritu manso y apacible, lo que tiene valor delante de Dios.

La brillantez del estilo no es necesariamente indicio de pensamientos puros y elevados. Encuéntranse a menudo conceptos del arte y refinamientos del gusto en espíritus carnales y sensuales. Satanás suele valerse a menudo de ellos para hacer olvidar a los hombres las necesidades del alma, para hacerles perder de vista la vida futura e inmortal, para alejarlos de su Salvador infinito e inducirlos a vivir para este mundo solamente.

Una religión de ceremonias exteriores es propia para atraer al corazón irregenerado. La pompa y el ceremonial del culto católico ejercen un poder seductor, fascinador, que engaña a muchas personas, las cuales llegan a considerar a la iglesia romana como la verdadera puerta del cielo. Solo pueden resistir su influencia los que pisan con pie firme en el fundamento de la verdad y cuyos corazones han sido regenerados por el Espíritu de Dios. Millares de personas que no conocen por experiencia a Cristo, serán llevadas a aceptar las formas de una piedad sin poder. Semejante religión es, precisamente, lo que las multitudes desean. “6

El debilitamiento del papado

Alrededor del siglo XIII, Europa entró en gran declive social y moral. Las pestes aumentaron. Había hambre en todo lugar. Los monjes comenzaron a ser vistos como una clase privilegiada, protegidos en sus monasterios. Se volvieron impopulares. Estaban interesados en mantener sus posesiones y no se preocupaban con las necesidades que el pueblo enfrentaba. La Iglesia de Roma se corrompía cada vez más. Los pecados de los papas eran conocidos por todos. La impiedad se generalizó.

Al final de la Edad Media, la iglesia en profunda dificultad financiera, intensificó la venta de indulgencias. El pueblo comenzó a sufrir más opresión. Fue en este ambiente de degradación moral que el Señor abrió el camino para la Reforma Protestante.

Aunque la verdadera fe haya sido preservada de siglo en siglo por hombres fieles (CS 97 POR),7 el evangelio por centenas de años permaneció oscurecido por densas tinieblas. Ahora llegaba el momento en que la luz de la verdad debería brillar intensamente, preparando al mundo para recibir la luz aún más intensa que brillaría cerca de tres siglos después, en el tiempo del fin.

Todos eses hechos estaban en los planes de Dios, presentes en la palabra profética desde los tiempos antiguos.

Los cristianos deben conocer la historia. El estudio de la historia es importante porque a través de ella notamos que Dios tiene en sus manos el control de los grandes hechos en todos los tiempos y los conduce según su soberana voluntad para alcanzar sus propósitos.

Al ver el cuidado de Dios con su pueblo en el pasado, podemos tener la seguridad de que Él nos cuidará.

“No tenemos nada que temer en lo futuro, excepto que olvidemos la manera en que el Señor nos ha conducido y sus enseñanzas en nuestra historia pasada.”7

1 El conflicto de los siglos, p. 47
2 Ibidem, p. 40
3 Ibidem, p. 49
4 Ibidem, p. 272
5 Ibidem, p. 216
6 Ibidem, pp. 554,555
7 Joyas de los testimonios, t. 3, p. 443

Author

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *