Himnologia: Lutero y Bach

 

La Reforma iniciada por Martín Lutero en 1517 modifica la comprensión religiosa de su época y la relación que tiene el ser humano con su Creador. La propuesta del cambio religioso influye en los distintos niveles de la relación humana, tanto en la dimensión política como en la eclesial de su época. La música, la poesía y el arte no quedan al margen de estas influencias de la Reforma. Los nuevos medios de relación del pueblo creyente con la palabra y el culto a Dios afectaron, en gran manera, la música y, especialmente, la himnología.

Por ello, la Reforma Protestante encuentra en la música y los himnos sus mejores aliados para conectar e integrar a los que se acercan a adorar a Dios. El evangelio también se hace sentir en la himnología.

Lutero y su concepción de la música

Lutero era un buen conocedor de la música, gustaba de ella y conocía el arte de la composición. Además ejecutaba el laúd, admiraba el canto y apreciaba el arte musical de los maestros de su época. Por su intermedio e influencia personal, la música tuvo un desarrollo notable en el culto. Sin embargo, no concebía a esta como un fin en sí mismo, sino como un medio al servicio del evangelio. Por esta razón, la música fue considerada un don dado por Dios y no por el hombre. No entra en juego la capacidad musical del intérprete ni tampoco la música como un fin en sí mismo, sino en función de la teología. Lutero considera a la música como una de las más poderosas armas en la lucha contra el mal.

Lutero mismo expresó en una de sus cartas: “es mi intención, de acuerdo al ejemplo de los profetas y de los antiguos padres de la iglesia, componer salmos para el pueblo, esto quiere decir, escribir cánticos espirituales a través de los cuales la Palabra de Dios pueda permanecer viva por medio del canto”. La primera colección musical de Lutero estaba integrada por 37 himnos, algunos de ellos tenían procedencia de los salmos, otros eran traducciones de melodías latinas y aún otros eran composiciones originales para aquel himnario.

El primer himnario de la Reforma

Los himnos se escribían en hojas que inicialmente eran distribuidas entre el pueblo. Luego se imprimieron los primeros himnarios. El primer himnario de la Reforma fue llamado “Erfurt Euchiridiou” y fue impreso en la ciudad de Erfurt en 1524. Muy prontamente estas publicaciones alcanzaron una popularidad tan grande que fueron necesarias cuatro impresoras de Erfurt trabajando intensamente y al mismo tiempo para satisfacer la demanda.

Los himnos de la reforma inundaron el país y provocaron una profunda influencia en la mente del pueblo. La verdad de la Palabra de Dios fue así transmitida de un modo que el enemigo fue incapaz de contrarrestar. Lutero predicó más con sus himnos que con sus sermones. Un historiador de la época declaró: “El interés por la fe protestante aumentó de una forma extraordinaria debido al canto de sus himnos. Esto sucedió en todas las clases sociales y no solamente en las escuelas y las iglesias, se escuchaban cantos protestantes en los hogares, en los talleres, en los mercados, en los caminos, en el campo”.

De esta manera Lutero junto a los himnos de la reforma – cantos de composición musical sencilla, ricamente elaborados a partir de las verdades del evangelio, expresados en la lengua del pueblo y adaptados a las necesidades de las comunidades – fueron consolidando un concepto profundo de música e himnología y determinaron un cambio de paradigma en toda la historia de la música occidental.

El himno de la reforma

Castillo fuerte es nuestro Dios es por excelencia el himno de la Reforma Protestante. Es la bandera musical de la Iglesia en su marcha conquistadora durante el terrible conflicto contra el mal.

La fecha más probable en la que fue escrito corresponde al día 19 de abril de 1529, jornada en la cual la famosa protesta de los príncipes, que dio lugar al nombre de “protestantes” por el cual fueron conocidos los reformadores, fue presentada a la dieta de Spira.

A continuación vamos a elaborar un breve análisis musical del himno de la reforma a partir de los elementos que podemos observar en la partitura manuscrita de Lutero y sus subsecuentes trasformaciones a lo largo de la historia. De esta manera podremos introducirnos en el concepto de la himnología que establecieron los compositores protestantes inspirados por Dios.

 

Podemos observar el manuscrito autógrafo de Lutero. Ese es el himno Castillo Fuerte en su versión más antigua. El término musical más apropiado para referirse a esa forma de composición establecida por los músicos de la Reforma Protestante es “Coral”.

Una primera observación nos permite descubrir los dos elementos fundamentales de un himno protestante: 1) la línea melódica y 2) las palabras del texto.

La melodía está construida a partir de intervalos muy sencillos, integrada por sonidos de duraciones bastante amplias y organizadas a través de un ritmo libre. Esto permitía su fácil y rápido aprendizaje. Todas las personas de la comunidad religiosa eran capaces de aprender y comprender esta sencilla melodía. También podían seguir el ritmo pausado de las notas acompañando las palabras del texto.

Todas las frases terminan con una nota de mayor duración. Esto permitía tener un momento de respiración conjunta para volver a cantar en la frase siguiente. Se estableció realizar una cesura (breve pausa musical al final de una frase para respiración y preparación del inicio de la próxima frase) que indicaba el final de cada verso de la letra del himno.

Estas primeras características son fundamentales para comprender el espíritu musical de la reforma protestante. La belleza del arte de la música se expresan a través de los medios más sencillos y transparentes. Intervalos, melodías, duraciones y ritmos adaptados a las posibilidades de interpretación del pueblo común. No hay lugar aquí para el virtuosismo o la exhibición técnica.

La relación entre el texto y la música

El texto del himno se encuentra ubicado en la partitura justo debajo de las notas de la melodía. Todas las estrofas eran siempre ubicadas en el mismo lugar para indicar que todas debían cantarse con la misma música. El himno presenta una estructura prácticamente silábica, es decir, que para cada sílaba del texto existe una nota de la melodía. Observamos una única excepción a esta característica en la parte central del himno.

Lutero encontró inspiración para su texto en las palabras del Salmo 46 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Elaboró su poema en un idioma y con un lenguaje que la persona más sencilla lo pudiese comprender. La estructura estrófica permitía cantar más de un texto con una misma melodía, característica que permitía una más sencilla memorización del himno.

Melodía

La melodía es muy simple. Predominan los grados conjuntos y los intervalos de fácil entonación. La melodía no está armonizada. Los himnarios de la época de la reforma que fueron ampliamente utilizados por las comunidades religiosas presentaban exclusivamente una única melodía y las palabras del texto. Esta melodía era interpretada cotidianamente a una sola voz por toda la congregación. El registro medio indica que fue escrita para la voz humana de hombre o mujer. Es una melodía sencilla, una melodía para el pueblo.

La estructura

El himno tiene tres partes y la primera parte se repite dos veces seguidas. Entonces podemos decir que el himno protestante tiene una estructura AABA’. Es la forma del himno que luego sería la base para la estructura de la canción clásica alemana.

El desarrollo del coral de Lutero

A lo largo de la historia el himno de la reforma fue fuente de inspiración para muchos interpretes y compositores. Desde las armonizaciones de Johann Walter, músico y amigo íntimo del reformador, pasando por el genio del Johann Sebastian Bach y hasta la gran Sinfonía No. 5 de Félix Mendelssohn, el coral de Lutero acompañó la vida de la historia de la Iglesia.

El coral y el nuevo sistema tonal 

En su gran mayoría, la música de los corales era fuertemente tonal y las que sobrevivieron de un pasado modal pasaron a ser adaptadas para el sistema tonal, transformación también sufrida por muchas de las melodías populares. De esta forma, los compositores alemanes contribuyeron para ese cambio importantísimo en el lenguaje musical. No solamente la actitud de Lutero en relación a la música, sino también los materiales concretos a disposición de los compositores e intérpretes se tornaron poderosos agentes modernizadores.

La composición musical para coro

Martin Lutero y Johann Walter introdujeron el canto coral en el servicio litúrgico y establecieron que el himno debía ser aprendido primeramente por el coro de las iglesias y después debía ser enseñado a la congregación. Este es un punto de trascendencia capital en la historia de la música protestante. El coral, que era en principio cantado por toda la asamblea, podría haver suprimido por el coro. Pero no fue así. El coro también mantuvo su lugar en el culto protestante. Su función consistió en enseñar el coral a la congregación, pues, se pretendía que con al pasar del tiempo la congregación aprendiese a cantar todas las melodías de memoria.

Las Cantatas  

Después del motete y bajo la influencia de la música instrumental, surgió la Cantata que, de esta manera, encontró un lugar muy propicio en el culto. Las Cantatas y Pasiones musicales encontraron rápida aceptación en el servicio gracias a que Lutero mantuvo el coro en actividad, lo que permitió la subsistencia de las creaciones para coro en el culto luterano.

Con Johann Sebastian Bach tenemos armonizaciones para coro y también para órgano. Existen más de trecientos corales para coro que aparecen en sus Cantatas y Pasiones, pues cada una de ellas finaliza con un coral simple para coro. No está por demás decir que las armonizaciones de Bach son obras maestras porque se adaptan completamente al significado de las palabras del texto. Las palabras se funden con las armonías y adquieren una asombrosa plasticidad. Para las melodías del coral les fue concedida una personalidad a través de las armonías con las que Bach las reviste, la misma personalidad que tenían las palabras a las cuales estaban ligadas. Sus predecesores, incluso los mayores de ellos, armonizaron las melodías y nada más. Bach armonizó también las palabras.

Hacía finales del s. XVII los corales se convirtieron en una de las características principales de la cantata de las iglesias. Johann Sebastian Bach escribió casi 250 cantatas de este tipo, usando los corales de muchas maneras diferentes. Por ejemplo, la Cantata Castillo Fuerte es nuestro Dios, escrita en 1730, está basada completamente en el himno de Lutero. El primer movimiento presenta la melodía como una frase interpretada principalmente por la orquesta, mientras que el coro entona una textura polifónica en notas más cortas. En el tercer movimiento este procedimiento se invierte: el coro canta la melodía mientras que el acompañamiento instrumental se mueve rápidamente. El último movimiento es una simple armonización a modo de himno y es uno de los rasgos más característicos de la música de la iglesia luterana, así como una parte de la cantata en la cual la congregación se unía para cantar la melodía.

Conclusión

Para Lutero, la expresión artística siempre estuvo al servicio de la Palabra. Más aun, en el caso de la música y la himnología, una dupla sometida a las habilidades de los compositores, pero que, en última instancia, remitían a las verdades últimas de Dios. En este marco el culto ocupó un lugar muy importante en las reflexiones de Lutero y su preocupación radicaba en transformar ese evento en algo significativo para la comunidad.

El interés por hacer el culto entendible llevó Lutero a transformarlo a través de la lengua de la gente. Su habilidad como músico y poeta logró que aquellas canciones populares y aquellas melodías cotidianas del pueblo entraran en la iglesia y se instalaran en la salmodia del culto. El nuevo contenido estaba dado por la Escritura y la nueva didáctica le permitió darlo a conocer hasta al hombre mas sencillo de la comunidad.

El canto congregacional se instaló y desde entonces las comunidades cristianas empezaron a participar con su voz de la alabanza, sin perjudicar el contenido teológico. Lo que Lutero logró con sus prédicas en el aprendizaje cotidiano se reforzaba con los himnos en el culto. Esta característica del protestantismo fue desarrollada constantemente y en la actualidad los cantos, himnos y melodías se multiplican en infinidad de himnarios y cancioneros. Estos expresan, como en antaño lo hiciera Lutero, el sentir melódico de la comunidad dejando lugar en el culto todo tipo de canto y melodía.

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